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«La cafeína no es adictiva» «La cafeína no es adictiva»

«La cafeína no es adictiva»

«La cafeína no es adictiva»

El farmaceutico Nikolaos Kalamidas afronta los mitos en torno a la cafeina y su consumo

«La Organización Mundial de Salud (OMS) no considera la cafeína como una sustancia adictiva», afirma el farmacéutico y «apasionado del café» de origen griego y afincado en Asturias, Nikolaos Kalamidas. «Si un consumidor habitual de café de repente deja de consumirlo», explica, «sufrirá diversos afectos similares a un síndrome de abstinencia, como dolor de cabeza, durante uno o dos días, pero son efectos psicológicos, tu cuerpo realmente no reclama la cafeína, no te pide cafeína pasado ese tiempo».

Nikolaos Kalamidas (izquierda) durante su charla en The Coffeest Piedras Blancas.

Kalamidas ofreció el pasado 15 de febrero de 2020 en la planta superior de The Coffeest, en Piedrasblancas (Asturias), una charla sobre ‘Los secretos de la cafeína’ en la que se trató de abordar diversos mitos y prejuicios en torno a este alcaloide presente en múltiples plantas que lo han desarrollado «como repelente para insectos», pero que una vez ingerido por los humanos tiene unos efectos muy reconocibles y, en su justa medida, muy positivos.

Entre esos efectos, el farmacéutico enumeró su capacidad para elevar temporalmente la frecuencia cardiaca y la presión arterial, incentivar el consumo de grasas acumuladas en el cuerpo o incrementar el «estado de alerta» del consumidor. Todo ello permite en términos generales «un mejor rendimiento físico y mental» que va desapareciendo con la metabolización de la cafeína en el cuerpo, su descomposición en «otras moléculas como la teobromina, presente en el cacao, la paraxantina o la teofilina, que mantienen efectos similares a los de la cafeína hasta que son eliminadas definitivamente a través de la orina», comentó. Todo ese proceso, apuntó Kalamidas, suele llevarle al cuerpo «entre 3 y 4 horas» tras los que ya no se ‘padecen’ los efectos de la cafeína.

«Sus efectos remiten con la metabolización de la cafeína, en tres o cuatro horas»

Nikolaos Kalamidas

En ese tiempo, básicamente, lo que estuvo haciendo la cafeína ingerida al consumir café (o té, cacao, guaraná o mate), es «bloquear los receptores de adenosina», molécula que en el cuerpo aumenta los niveles de sueño e induce «a descansar». Ese bloqueo es lo que provoca «el estado de vigilia» asociado a la cafeína, indicó el farmacéutico.

Esos efectos, de hecho, son los que propiciaron que la cafeína fuera considerada por las autoridades deportivas y sanitarias una ‘sustancia dopante’ entre 1970 y 2004. Sin embargo, desde ese último año se desestimó que esos efectos temporales de la cafeína sean suficientemente potentes como para ser considerados dopantes, señaló.

Lo cierto es que esos efectos de la cafeína en el cuerpo humano, apuntó Kalamidas, desaparecen sin mayores consecuencias, siempre que la ingesta sea razonable, puesto que a partir de ciertas dosis dejan de ser efectos ‘positivos’. «La OMS considera que las dosis diarias seguras para una persona adulta de 70 kilos de peso es de 400 miligramos al día, unos 4 cafés», apuntó el farmacéutico. Esa cantidad se reduciría a la mitad en el caso de lactantes y embarazadas «porque la cafeína se tarda más en metabolizar y pasaría al feto», mientras que para los niños, la dosis máxima recomendada sería de 2,5 miligramos de cafeína por kilo de peso: una taza al día. «En el caso de los niños no habría mayor problema, salvo por que ya de por sí son hiperactivos, y siempre será más recomendable un buen café que una lata de refresco de cola», comentó el experto.

Si se sobrepasaran esas dosis recomendadas ya se podrían dar efectos temporales indeseados asociados al ritmo cardiaco o la tensión arterial, incluso llegar a un nivel tóxico potencialmente mortal que «la OMS sitúa entre 150 y 200 miligramos por kilo» corporal, lo que se lograría «al tomar de golpe el equivalente a entre 100 ó 200 tazas de café».

Con todo, añadió Kalamidas, «recientes estudios sobre la sensibilidad a la cafeína han detectado que determinados genes de nuestro ADN nos hacen más o menos sensibles a la cafeína», lo que explicará que «haya gente que diga que toma cinco tazas de café y que no nota nada», mientras otras personas se muestran «más sensibles» a sus efectos aunque, en ocasiones, esos efectos puedan confundirse con ‘sensaciones’ más de tipo psicológico que reales.

Así, por ejemplo, el farmacéutico citó el mito de que la cafeína «provoca insomnio». «Lo cierto es que eso no es así con un consumo normal de café. Lo único que nos pasa es que tenemos más sensación de alerta y menos de cansancio», pero el sueño no desaparece. «Un ejemplo es cuando los estudiantes se pasan la noche previa del examen en vela bebiendo café: están despiertos, pero el café no logra quitarles el cansancio».

«Lo mejor es disfrutar de un café bien preparado y de la mejor calidad posible»

Nikolaos Kalamidas

Sea como sea, lo evidente de los efectos de la cafeína en el cuerpo hace que se hayan extendido los mitos en torno a dicha sustancia. «No te hace más inteligente», pero tampoco va a ser cura ni causa de enfermedades. «Recientemente hubo un bulo en torno a la efectividad del café verde como quemagrasas», recordó Kalamidas en alusión a estudios aún insuficientes acerca de los efectos «antioxidantes» de diversas sustancias contenidas en el café. Como también son insuficientes, añade, los estudios que observan beneficios en la prevención de determinados tumores.

En vez de pensar en sus posibles efectos curativos, concluyó el farmacéutico, es mejor centrarse en disfrutar de su valor gastronómico y sus agradables efectos, tomando «cuanto café queramos, dentro de un límite razonable, siempre que sea bien preparado, con un tueste no muy alto y de la mejor calidad que sea posible».

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